Martín Narciso Méndez Huaxcuatitla nació por el año de 1906, en una familia indígena mösiehuali de Tetelcingo, Morelos. Tetelcingo queda muy cerca de Cuautla, ciudad en que surgieron algunos de los primeros conflictos de lo que llegó a conocerse como la Revolución Mexicana. El padre de Martín, junto con muchos otros hombres mösiehuali, fue llevado forzosamente del pueblo para servir en el ejército y Martín ya nunca lo vió más; el pueblo de Tetelcingo fue abandonado y quemado. Martín resistió un ataque fuerte de la tifoidea, pero su madre sucumbió, dejándole huérfano. Desde entonces hasta el fin de la Revolución, el jóven Martín anduvo a tiras, buscándose comoquiera la forma de sobrevivir. Sirvió en varios ejércitos en diferentes bandos del conflicto, desde Chiapas hasta Tamaulipas. En numerosas ocasiones apenas logró escaparse con la vida. En el proceso adquirió un carácter muy fuerte, y acumuló una cantidad innumerable de experiencias personales que informarían su pensar durante toda su vida. Después de la Revolución, Ru Marti (Don Martín) buscó la forma de regresar a Tetelcingo, y allí llegó a ser líder entre la gente de menos recursos. Fue conocido por su valentía y su disposición de ayudar al menesteroso, como también por su elocuencia y por una generosidad casi desenfrenada.
En 1934 Ru Marti había sido electo ayudante municipal (alcalde) de Tetelcingo, cuando llegó Don Guillermo C. Townsend, director del Instituto Lingüístico de Verano, apenas en formación. Ru Marti le dió a Townsend permiso para que viviera en el pueblo, y los dos emprendieron una amistad que duró lo demás de sus vidas. El Gral. Lázaro Cárdenas, entonces Presidente de la República Mexicana, oyó de Townsend y vino a Tetelcingo para conocer a él y su trabajo. Ru Marti cuenta la historia en su Āmatlapohualistli de Don Lázaro Cárdenas.
Ru Marti se había enseñado a leer y a escribir durante sus días de revolucionario. Townsend le animó y le instruyó en la lectura y escritura del mösiehuali. También Townsend le inspiró con un amor hacia la Biblia y un compromiso cristiano que caracterizó el resto de la vida de Ru Marti, y que se refleja en el bello himno ¿Tli tiniechmojtilili? Ese compromiso sostuvo una prueba fuerte unos años después, cuando Ru Marti apenas sobrevivió un atentado contra su vida. La bala pasó por su cuello y pecho, y por varios meses le era imposible enderezar la cabeza. Pero cuando por fin, portando su arma, encontró al que mandó asesinarlo, desarmado y desprotegido en un lugar solitario, escogió perdonarlo y buscar la reconciliación en vez de la venganza.
Ru Marti trabajó por ratos hasta la década de los 70 para Townsend y otros miembros del I.L.V. en Tetelcingo, incluso para Don Ricardo Pittman, el cual recopiló los textos aquí publicados. Aunque Ru Marti manejaba cabalmente el español, sentía un gusto tremendo por comunicarse en forma oral o escrita en su lengua materna. Era un orador formidable, y un cuentista notable con una fuente inagotable de anécdotas para ilustrar los temas de sus discursos. Ru Marti murió en la primera parte de los 90, en Cuautla, Morelos.
—David Tuggy T.
Las fotos que aparecen en este documento son las siguientes:
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